
Carmen Martinez Bordiú y Mariu Emilas. En un momento de nuestra charla, en Santander.
El pasado 21 de mayo, tuve el placer de conversar en Santander con Carmen Martinez Bordiú, la última clienta que tuvo Cristóbal Balenciaga, sobre el vestido de novia que éste le hizo para su boda; en 1972, con Alfonso de Borbón y Dampierre.
Actualmente estoy realizando la tesis doctoral sobre Cristóbal Balenciaga y parte de ella, está basada en entrevistas realizadas a personas que desde diferentes ámbitos han conocido al modisto y su obra. Carmen Martinez Bordiú es una de estas personas. Cuando le llamé para pedirle una entrevista, no dudó en verse conmigo, compartir su experiencia y posteriormente mostrarme su apoyo y ayuda.
Durante nuestro encuentro, estuvimos hablando sobre por qué eligió a Balenciaga para que le hiciese su vestido de novia, cómo era el modelo elegido, cómo fueron sus encuentros con el modisto, qué opinión le mereció el couturier, las pruebas, el proceso de confección, cómo se sintió con la prenda el día de la boda...y finalmente conversamos sobre la repercusión del modisto en la moda actual, los gustos estéticos de Carmen, y sus diseñadores favoritos en la actualidad.
El vestido de novia de Carmen fue encargado a Balenciaga cuatro años despues de haber cerrado éste sus casas de costura, en 1968. Carmen, según relata ella misma, no había vestido hasta entonces de Balenciaga, sin embargo conocía muy bien su trabajo, consideraba al modisto un artista, el maestro de tod@s l@s couturier de Alta Costura del momento y quería que el traje de novia fuese hecho por él. Y así fue.

El modisto elaboró dos bocetos y junto con Carmen y su madre, la Marquesa de Villaverde, eligió un diseño que en su día se calificó de "regio e importante". Su confección se llevó a cabo en el taller de Felisa y Jose Luis, en Madrid. (Felisa Irigoyen fue la mejor maestra de Fantasía que Balenciaga tuvo en EISA -Madrid- y Jose Luis, el mejor peletero del momento. Ambos formaron sociedad cuando Balenciaga cerró sus casas en 1968 y éste, en 1972, consideró que ésta era la casa de alta costura mas adecuada para realizar el vestido de Carmen. Y es que la plantilla estaba conformada por algunas de las mejores modistas que se formaron y trabajaron en EISA: la flor y nata de la alta costura española; entre ellas, Emilita Carriches: la persona que dirigió la confección del vestido de Carmen Martinez Bordiú, le vistió para la boda y estuvo junto a ella durante todo el día para que el vestido estuviese impecable a lo largo de la jornada.)
El manto de siete metros, se cosió al traje, una vez vestida la novia.
Las publicaciones: "La Actualidad Española", "Semana" y el diario "Ya", entre otras; en el momento de publicar la noticia sobre la que se denominó "Boda del Año", se recrean especialmente en la confección del vestido de novia de Carmen Martinez Bordiú: "En su creación se emplearon 14 metros, de doble ancho, de raso natural color blanco con un reflejo gris rosáceo. La tela es de la firma Abraham, de Suiza. Todo el bordado ha sido realizado a mano, sobre tul, luego cuidadosamente recortado. En el bordado predominan las flores de Lis (emblema de la casa Borbón), destacando la que luce sobre el pecho. Para dicho trabajo se utilizaron veinte carretes de hilo de plata, mas de 10.000 perlas, 2.500 brillantes pequeños, 2.200 medianos y 1.700 grandes, además de nácar y cristal. El manto que tiene otro tipo de bordado, mide siete metros de largo. Se ha tenido en cuenta para la situación del manto, como para la línea del peinado, la belleza de la nuca de la novia y la esbeltez de su cuello, dejándolos al descubierto."
Y al hilo de ésto último, es importante destacar que Carmen, durante la rueda de prensa que se celebró el mismo día de su compromiso, informó que su traje sería una creación de Balenciaga y añadió: " Yo no conozco a Balenciaga personalmente. Pero ha estado viendo fotos mías. Como considero que es un genio de la costura, supongo que me hará un vestido que vaya bien con mi personalidad y además, será bonito. ...."
Efectivamente, el modisto había solicitado, para diseñar el modelo, que le enviasen fotografías y películas de la novia. A ésto hay que añadir que durante nuestra conversación, Carmen, recuerda con detalle las pruebas que Balenciaga, personalmente le hizo. Pruebas, que a ella se le hicieron eternas y en las que él le hacía andar una y otra vez por el salón.
Balenciaga estudia el cuerpo y su movimiento para que la prenda se adapte perfectamente a él, para que no se mueva un ápice, para que caiga perfecta. Por eso, a Carmen le hace andar tanto durante las pruebas y previamente ha visto imágenes de ella: porque observa a conciencia el movimiento de sus brazos, la longitud de los pasos que da, la inclinación de la cabeza, el cuello,... le está analizando en profundidad. Y es que detras de este vestido, hay un estudio impresionante de la anatomía femenina y el movimiento; que junto con el profundo conocimiento de la técnica, le permiten a Balenciaga, construir la prenda como si fuese un arquitecto y obtener como resultado, la sublimación de la alta costura a disciplina artística.
Emilita Carriches (2ª por la derecha) y su equipo, confeccionando el vestido.
Carmen recuerda perfectamente, mas de treinta años despues, que el día de su boda se sentía encantada con aquel vestido y que desde luego, cubrió las espectativas que tenía sobre él en todos los aspectos: personalidad, belleza y comodidad.
El manto de siete metros de largo y la línea estilizada que define el vestido, potencian la estatura y esbeltez de la novia.
Casi finalizando nuestra conversación, le pregunto si se considera a sí misma "amante del mundo de la moda", lo cual no duda en afirmar y hace referencia a su trabajo junto a Versace y a su pasión por los grandes diseñadores actuales tales como Galliano, de quién vistió el día de la boda de su hijo. Sobre la actual casa Balenciaga no nos extendimos demasiado, pero sí hizo referencia a los bolsos de la firma, que desde luego, le encantan.
Carmen Martinez Bordiú, desde el inicio de nuestra conversación, habla sobre Cristóbal Balenciaga con gran respeto y admiración. Esto no es nuevo, ya que todavía no he encontrado a nadie (familia, clientela, trabajadores de la casa, o expertos en el personaje, que no lo hagan). Las palabras de Carmen y su forma de decirlas, expresan la misma admiración que toda su clientela manifiesta cuando es consultada sobre el modisto. Carmen tuvo el privilegio de que fuese el maestro quien le probase el vestido personalmente (las pruebas son fundamentales en la alta costura, porque determinan el paulatino trabajo de confección de la prenda hasta su finalización.), situación que muy pocas clientas han disfrutado. Lo recuerda como un hombre elegante, silencioso, que hablaba bajísimo y permanecía tremendamente concentrado en su trabajo. Comenta que, durante las pruebas del vestido, en pocas ocasiones se dirigió a ella (lo cierto es que siempre trabajaba en un silencio absoluto), pero no dudó de calificarlo: "... en el trato, encantador y como modisto, el mejor y el mas grande. El maestro de todos."
El vestido de novia de Carmen Martinez Bordiú fue donado al Museo de la Indumentaria de Barcelona, pasando a formar parte de sus fondos y de donde ha salido en varias ocasiones para ser exhibido en diferentes muestras tanto en España como en otros países.
Decía yo que era una peculiaridad "del arte de las últimas décadas... la disolución de las fronteras entre lo que entendemos como creación artística y la mera actuación vital de las personas y sociedades en el espacio y tiempo que les toca vivir". No afirmaba que fuera un fenómeno "nuevo", sino "característico", y que esto representaba "una fuerte corriente del arte actual por la que circula un elevado número de creadores".
Puestos a remontarnos al pasado se puede ir mucho más atrás de Duchamp. Podemos llegar hasta Leonardo cuando aseguraba que la pintura era una cierta cosa mental, lo que suponía rebajar la importancia del objeto pictórico y un señalamiento de que el verdadero protagonismo de la pintura (o el arte) acontecía cuando se superaba el nivel de lo retiniano (la complacencia sensorial) y se excitaban las preguntas en la cabeza del observador (la indagación personal del significado). También lo señaló siglos después Denis Diderot: "La pintura es muda, pero gracias a ella yo hablo conmigo mismo y me interrogo".
Sí, quedó claro desde el principio que te referías no a algo” nuevo”, sino a algo “característico”. Y cuando decía en mi último comentario: “No, No es nuevo.”, es lo que pretendía apoyar, pero sin duda no lo he expresado bien en el texto. Espero que ahora, quede aclarado. Y … conciliado!
Diderot…. Otro gran transgresor. Irónico y genial.
El prólogo de su libro Pensées sur l'interprétation de la nature (1753):
“Joven toma y lee. Si puedes llegar hasta el final de esta obra, no te costará comprender otra mejor. Como me he propuesto no tanto instruirte como ejercitarte poco me importa que admitas mis ideas o que las rechaces, con tal de que ocupen toda tu atención. Alguien más capacitado te enseñará a conocer las fuerzas de la naturaleza; me bastará con haber puesto las tuyas a prueba. Adiós.”
Y hablando de Leonardo… me viene a la cabeza… Hace poco estuve leyendo sobre los montajes efímeros de Leonardo da Vinci y su amigo, el ingeniero Francesco di Giorgio Martini –considerado el primer escenógrafo de la historia-. Fiestas espectaculares en suntuosas villas. Lástima que algunas fueran tan efímeras que ni siquiera llegasen a celebrarse por falta de previsión. En cierta ocasión, Leonardo realizó un “montaje” en el que el mobiliario (mesas, sillas y demás objetos) estaban realizados a base de comida (montañas de pan, verduras, hortalizas…). Se preparó todo de víspera. El resultado fue una larga mesa para decenas de comensales, con su vajlla, cubertería…..sillas y bancos y un grupo de soldados lo custodió durante la noche con objeto de que no apareciesen ladrones y se lo llevasen. Sin embargo, no pudieron evitar que los pájaros destrozasen todo aquello y la mañana siguiente el espectáculo fuese desolador. La fiesta, por supuesto, no se pudo celebrar.
El caso es que según iba leyendo lo que acabo de contar, me iban apareciendo una serie de imágenes de la última exposición de Alexander McQueen en el Metropólitan, de N.Y., este verano. “Belleza Salvaje” se tituló. (asociación de ideas, simplemente), pero que, a su vez, me llevó a imaginar una exposición sobre Balenciaga: colorista, brillante y ligeramente “salvaje” ( en esto interviene directamente la iluminación, elemento fundamental para crear una atmósfera adecuada) donde se manifestasen cualidades hasta ahora no mostradas de la obra del couturier.
Mariu Emilas
Vengo siguiendo desde hace unos dias esta interesante conversación y he de agradeceros a todos lo que nos estáis enseñando al hilo de un articulo "inocente" publicado por Ana Balda, cuyo blog sigo desde hace tiempo, al igual que el de Mariu Emilas.
Me sorprendió cuando nos transmitia Javier el comentario de este diseñador que consideraba la moda como artesania por el hecho de ser útil.
No soy experto en arte pero si diseñador y conocedor de la obra de Cristóbal Balenciaga desde hace años a traves de Carmen y Emilita Carriches dos de sus primeras manos en la casa Eisa de Madrid a quienes conocí en 1987 y por lo tanto, desde mi perspectiva, es muy importante no solo la apreciacion de volumen, color y proporción, sino también la construcción y la tecnica con la que estan concebidas las piezas expuestas. Recuerdo un dia en que mis maestras me mostraron un vestido negro de panamá de lana de 1957 con capa a juego (el museo conserva uno igual en su colección) sólo que a este le habian retirado el forro por que se encontraba muy deteriorado. Estuve todo el tiempo que pude contemplando aquella maravilla desde el interior, la forma en que estaba construido no se parecia técnicamente a nada que yo hubiera visto hasta entonces.
Años despues recuerdo haber tenido una sensación muy parecida cuando visite la ermita mozarabe de San Baudelio de Berlanga en Soria y me refiero a una sensacion de absorción tan evidente que incluso el vigilante me permitió acceder a zonas que habitualmente no estan abiertas al público y recorrerlo todo a mis anchas.
Volviendo a la obra de Balenciaga, creo que otro de sus grandes logros fue crear un taller que pudiera realizar todas sus ideas y no es facil conseguir mas de cuatrocientas personas conozcan a la perfección como debe realizarse un cuello Balenciaga.
Con estas apreciaciones no pretendo demostrar yo que la obra de Balenciaga sea arte, aunque tenga un museo consagrado a su cuidado y promoción, simplemente que a "nivel usuario" la diferencia, a veces, no es tan evidente.
Para decidirlo, doctores (y doctorandos) tiene la Santa Madre Iglesia, pero como dice el refrán: "Algo tendra el agua cuando la bendicen".
Javier Martín
Gracias, Javier, por unirte a la conversación. Tu comentario, desde la perspectiva de tu experiencia y trabajo, deja claro que no existe consenso entre los diseñadores respecto a la cuestión que plantea Javier González de Durana en su primer comentario. Interpreto con esto que dices de "a nivel de usuario la diferencia, a veces, no es tan evidente" que te refieres a que, quien mira, en este caso un balenciaga, tiene que conocer los entresijos técnicos de la costura, para saber apreciar el mérito del modisto en la conjunción de diseño (belleza)+construcción(patrón). Saber ver el mérito de haber visto algo y saber plasmarlo en la realidad, en este caso manipulando un tejido, con tijeras, hilo y aguja. Y todo con la dificultad añadida, de que un modisto nunca piensa en un traje como algo estático, para ser mostrado en un museo, sino como algo que va a tener vida, porque va a ser utilizado por alguien, es decir, tiene que ser llevable, cómodo. Eso añade a todo el proceso creativo de la costura la dificultad añadida de establecer una restricción importante: que lo que se está haciendo no puede limitar la capacidad de movimiento de quien lo va a llevar. Ahí esta a mi modo de ver, la "compleja complejidad" de vuestro oficio. Por eso creo que cuando se consigue la terna: belleza, perfección técnica y funcionalidad, sí estamos ante algo que sí debería ser considerado arte. Algo que a la vista de todos los comentarios, al menos Javier González de Durana, Mariu, tú y yo, compartimos.
Vaya…! Qué agradabilísima sorpresa tenerte en la conversación, Javier!
Y a tí , volver a leerte, Ana! Por supuesto!
El que tambien espero que vuelva a incorporarse es Javier González de Durana, que aporta en cada comentario “sabiduría y brisa fresca” desde un ángulo de visión sumamente interesante: el mundo del arte -y además: “desde dentro”: desde el Museo de Getaria-, a nuestro tema Balenciaga : Tan falto por estudiar, por un lado y tan manido, por otro.
Volviendo al aspecto técnico que comenta Javier… lo cierto es que “las tripas “ de una prenda de Balenciaga no tienen nada que ver con las “tripas” de otras prendas. Y lo más curioso de todo es que cuando observas lo que hay “bajo el forro” (entretelas, picados, tapas; en ocasiones: plomos…..) pudiera dar la sensación , de que por esta complejidad constructiva, la prenda debe ser “pesadísima” y sin embargo, resulta absolutamente ligera cuando nos la ponemos. Como una pluma. Y no exagero en absoluto. Este era uno de los objetivos del modisto y desde luego, lo conseguía. Por eso, tantos le denominan “Arquitecto de la Moda”. Porque no sólo era conocedor de la técnica de Alta Costura, sino que además su aportación fue fundamental para que ésta creciese, evolucionase y llegase a un nivel de perfección tal, de forma que sus creaciones resultasen esteticamente impecables en cuanto a línea, volumen y formas. De una limpieza absoluta y una sencillez exquisita. Los que le denominan “arquitecto”, saben muy bien de lo que hablan: El trabajo de Balenciaga estaba fundamentado en unos sólidos cimientos. Como si cada prenda se tratase de un edificio concebido desde la solidez, la permanencia y la perfección técnica; para exteriormente, mostrarse: firme, al mismo tiempo que delicado, liviano y bello.
El mismo dijo , tras retirarse la ya famosa frase: "Un modisto debe ser: arquitecto para las líneas, escultor para la forma, pintor para el color, músico para la armonía y filósofo para la medida".
Mariu Emilas