Ayer, a la edad de 89 años murió el cineasta, guionista, director de escena, dramaturgo y escritor; de forma “pacifica y tranquila” en su casa de la isla de Fårö, en el mar Báltico.
"Cuando era joven tenía un miedo horrible a morir. Ahora creo que es un arreglo muy, muy acertado. Es como una vela que se apaga. No hay mucho sobre lo que discutir", afirmó en una de sus últimas entrevistas.
Bergman es uno de mis directores favoritos. Y no sabría decir si me gusta aún más como escritor. Leí casi todos sus libros en una época poco optimista para mí, sin embargo me entusiasmaron.
Los temas de su obra fueron principalmente la existencia de dios, la muerte, el sentido de la vida, las relaciones de pareja, la soledad, la incomunicación y la creación artística.
“Nacido el 14 de julio de 1918 en Uppsala, al norte de Estocolmo, Ingmar Bergman creció en un ambiente religioso y autoritario que marcaría su carácter y su obra para siempre.
Su padre, pastor luterano, solía castigarle encerrándolo en un armario, y el cineasta se vio obligado a combatir el entorno represivo de su hogar creando un mundo de fantasía, según explicó más tarde.
Bergman dirigió más de cien obras de teatro, decenas de programas de televisión y más de cuarenta largometrajes.
Su carrera cinematográfica empezó en 1944 y en 2003 se puso por última vez detrás de una cámara y codirigió una película para la TV sueca: “Sarabanda”.
Algo que me interesa mucho de este autor es que aprendió todos los aspectos técnicos de la cinematografía, desde la iluminación y el sonido hasta el montaje, con el fin de controlar plenamente la realización de sus películas. Y este concepto ya desaparecido sobre “el aprendizaje del oficio”, me recuerda a personajes como Balenciaga, que con un conocimiento y control absoluto de la técnica, han podido innovar y ofrecer al mundo una obra revolucionaria en su género.
En el album de fotos aparecen más imágenes relacionadas con el artista y su obra.
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