El escultor Igor Mitoraj expone veintitrés obras en Donostia La exposición se podrá ver en el Paseo de la Zurriola hasta el 29 de agosto. El artista, tambien comisario de la exposición, escogió este emplazamiento para la muestra que lleva por título: El Mito Perdido. Arte en la calle. porque “permite al espectador disfrutar de la obra con el mar de fondo.”
El objetivo de que la exposición se presente en la calle es: “transformar el paisaje cotidiano y establecer una fuerte empatía con aquellos que las observan.”
Mitoraj concibe las esculturas "como una casa, donde habitan los espíritus que observan todo lo que pasa fuera, como nuestra alma".
Lo cierto es que esta iniciativa de La Caixa tiene su origen en el desinterés que existe en general, por parte del ciudadano medio, en visitar los museos.
Los museos -“El lugar donde habitan las Musas”- buscan la manera desde hace unas décadas de cambiar su imagen decimonónica de templo frío y distante al que sólo acuden “los expertos” y convertirse en lugares cercanos al público en general. Las estrategias son muchas y variadas. Pero ésto lo dejo para otro artículo.
El Arte, en un intento de acercarse a las masas, sale a la calle.
Es muy interesante observar la actitud de la gente ante una obra de arte en la calle.
El tamaño colosal de la obra de Mitoraj – su discurso está basado en una reinterpretación contemporánea del espíritu de Grecia y Roma- se adecúa a la idea de acercarse al paseante.
Los espectadores de la obra son paseantes ocasionales, personas que acuden diariamente a la playa de la Zurriola y mucho turista.
Al contrario que en un museo, en la calle se puede tocar una escultura. Los niños corren alrededor de ella, se esconden en el interior de las cabezas de Mitoraj , muchas personas se hacen fotos delante de ella –acto reflejo del turista allí donde esté-, se apoyan en ellas para atarse los cordones de los zapatos, las contemplan con interés, sorpresa ó indiferencia. Hacen los comentarios que quieren y todo ésto en plena libertad.
Sin sentirse mediatizados por estar en un lugar en el que hay que hablar bajo, moverse despacio y mantener cierta compostura.
¿Compostura Museística…? Es gracioso observar las poses de los visitantes a museos. Esas posturas de brazos cruzados y cabeza ligeramente inclinada o brazos cruzados y un dedo apoyado sobre los labios en actitud reflexiva…
-Está comprobado en los museos, que los espectadores pasan mas tiempo leyendo las cartelas informativas que viendo la propia obra-
Recordemos tambien ese gesto característico de quitarse las gafas después de leer la cartela, para dar unos pasos hacia atrás y observar la obra con los ojos entornados, mientras se mordisquea suavemente la patilla de la gafa.
En la calle no se observa nada de ésto. No es necesario. Nadie nos exige que entendamos lo que estamos viendo, que nos guste, que pongamos cara de interés, cara de expertos, que no bostecemos…
Esto me hace pensar en muchas cosas… el complejo de ser ignorante en determinados temas, la presión que se siente ante situaciones desconocidas, el miedo ante lo que los demas pueden pensar de nosotros… todas ellas, son barreras psicológicas para que la gente entre en un museo por puro interés, curiosidad natural o afán de aprender y disfrutar.
Los comentarios que se oyen estos días en San Sebastián, en el lugar donde se expone la obra de Mitoraj, son variados:
“Oye… ¿ésto qué es?… qué bonito, ¿no?”
“Yo quiero jugar en esa cabeza que es una cueva…”
“¿Es que han dejado la chatarra en mitad de la calle?”
“¿En ésto gasta el ayuntamiento nuestro dinero?…”
Lo cierto es que la sensibilidad media es penosa. En general, existe desinteres y temor hacia lo que no conocemos o no entendemos. Así que tendemos a ridiculizarlo.
El camino para acercar el arte al ciudadano medio, es largo y difícil, pero entiendo que es necesario. Debería empezarse en la etapa escolar e impedir que con 18 años, la mayoría de la población sea una completa analfabeta en arte y una “gran experta” solo en futbol, por ejemplo.
Por circunstancias, he pasado la mayor parte de mi vida rodeada de deportistas de elite. Grandes profesionales del deporte. La gran mayoría –aunque no tod@s- desconocedores del arte, nada interesados, insensibles como pocos y muy atrevidos en sus cometarios. Y lo peor de todo es que esta actitud no es algo exclusivo a un ámbito en concreto. La inmensa masa social es completamente ignorante, ajena, indiferente e incluso despreciativa con el arte y sin embargo opina sobre arte con la mayor tranquilidad; es impresionante.
Volviendo a la exposición: la colocación de las esculturas a pie de playa y su organización en el espacio –Se han creado diferentes grupos expositivos a partir de un criterio temático- dan lugar a un ritmo expositivo completamente libre. E interesante.
Tambien hay que tener en cuenta que las distracciones visuales y sonoras que existen en la calle no propician en absoluto la contemplación.
Por eso Mitoraj hace el siguiente comentario:
"Quiero provocar plena libertad, emociones", dice el artista, quien aconseja observar las esculturas de noche porque "no hay ruido". "Es maravilloso", asegura.
Es decir, la muestra “se vende” como Arte en la calle.
Si. Pero no a cualquier hora.
Si realmente se quiere acercar la muestra al público en general, habrá que trabajar el aspecto didáctico y utilizar estrategias que nos ayuden a comunicar el mensaje del artista y despertar la curiosidad y el interés en el público para que éste realmente haga un hallazgo, un descubrimiento de algo que le impresione, le conmueva y después lo recuerde. De esta manera empezará a estar interesado en este tipo de acciones.
La única didáctica que existe en la muestra, es una actividad dirigida a familias con niños que está orientada a través de diferentes opciones de recorrido expositivo y una serie de pistas con objeto de conocer y comprender al artista y su obra.
El problema de ésto es que además de ser una sola actividad, y estar dirigida a un único grupo social- lo cual es muy pobre en sí mismo- hay que acudir a dos espacios lejanos al lugar expositivo: Teatro Victoria Eugenia y Museo de San Telmo para recoger las bases de la actividad. Ni eficaz, ni motivante.
Pienso que el aspecto didáctico está, una vez mas, bastante descuidado. No sé si alguien “no experto” ha entendido algo de lo que se supone pretende transmitir el artista.
¿Es que no llegaba el dinero para rematar bien el trabajo?
La exposición de Mitoraj ha pasado por París y Roma entre otras ciudades, antes de venir a Donostia. Luego viajará a Madrid.
Le seguiré la pista. Solo por curiosidad. A ver qué planeamiento hace el ayuntamiento de Madrid…









Es la mejor crítica de arte que he leído nunca. Se parece bastante a las que yo he publicado en otros medios, ya que tenemos el mismo punto de vista. Pero ni yo misma lo he expresado con tanta claridad.
Enhorabuena!.
PD: La exposición de Mitoraj es impresionante.
Está siendo una práctica habitual para los ayuntamientos, cosa que celebro. En Málaga, donde vivo, se esta poniendo de moda, desde que Calle Larios (La Calle por excelencia) acogió con gran éxito la exposicíón de "Rodin en la Calle". Este mes de Diciembre de 2008, bajo las luces de Navidad e iluminado por ellas, una exposición de motores de automóvil, tuneados y presentados como algunas de las piezas del futuro Museo del Automóvil de Málaga.
Atentamente.
Publicado por: Carmen | viernes 5 de diciembre de 2008 en 16:37